Lo necesitábamos
para nuestros propios datos.
Nuestros productos manejan información delicada: facturas y nóminas en Pulse Suite, contratos y datos fiscales en Nordovi. Al principio usábamos un servicio de IA en la nube, como casi todo el mundo. Cada consulta salía de la empresa y se pagaba por uso.
Decidimos montar nuestra propia infraestructura de IA en Europa y mover allí las funciones de IA de nuestros productos. Pasamos siete de cada ocho. El coste por consulta bajó a cero y los datos dejaron de salir.
«Si un empleado pega datos de clientes en un servicio de IA externo, esos datos ya no son solo tuyos.»
Por el camino aprendimos lo que de verdad cuesta. No es el hardware: es conectar la IA con los sistemas reales y que cada persona vea solo lo que le corresponde. En Suite, el asistente de cada empresa solo accede a la información de esa empresa.
También aprendimos que un modelo propio no tiene por qué ser peor: con tu información bien preparada y pasos controlados responde con precisión, cita sus fuentes y dice «no lo sé» cuando toca.